lunes, 29 de octubre de 2012

Avance de la nueva novela



Interludio (1)

El Sol brilla en lo alto del cielo, después de varios días de temporal. Se acerca el invierno, como una promesa de muerte prematura, y un peligro más palpable para nuestra comunidad que la muerte caminante que ronda las ciudades y campos aledaños. Hemos elegido este lugar, de inviernos difíciles y pasos peligrosos, por su relativo aislamiento y relativa disponibilidad de alimentos, pero sabemos lo complejo que será pasar los tres meses de frío e inactividad. Hoy, más que nunca, se revela la importancia de la comunidad por sobre el individuo.
Dos de los nuestros vuelven a caballo, mojados de sudor, con los arcos prestos, con cuatro perros corriendo cansados y un jabalí empalado en una vara gruesa y afilada. Lucen agotados pero felices, ya que es el tercer jabalí que cazamos en una semana. Nos preocupa el hecho de que, sin seres humanos para controlar la población, sea finalmente una amenaza mucho más seria para los bosques y la fauna local, además de haber invadido varios de nuestros cultivos. Sin embargo, son una buena fuente de alimentación. Otros dos de nuestros cazadores traen media docena de conejos, otra especie peligrosa tanto para cultivos como para la flora y fauna locales.
Sin embargo, tras el sudor y la alegría evidentes por una jornada productiva, también se hace evidente cierta preocupación en sus rostros, por no decir miedo. Algo no va como debería, o tal vez sí, pero no como nos gustaría.
-Encontramos muchas huellas de puma mientras perseguíamos una manada de ciervos colorados, y hacia el sur están desapareciendo muchas vacas y ovejas asilvestradas. No sabemos si también (ojalá) sean los pumas, que están recuperando territorio, perros salvajes o si se trasladó un grupo de muertos, o si, más peligroso aún, llegó un grupo de seres humanos.
”Si hay pumas, es relativamente fácil. Hay que cuidar a los chicos, y no dejarlos solos, porque no van a atacar a un adulto a menos que estén desesperados o protegiendo a sus cachorros. Si son perros, supongo que aún nos recordarán lo suficiente como para acercarse, y no se habrán vuelto como lobos. De última, tenemos nuestros propios animales para mantenerlos a raya.
”Si son muertos… la cosa se complica, pero al menos tenemos la certeza de que podemos acabarlos sin temor a que se reproduzcan. No creo que sea un grupo grande, o ya lo habríamos visto cuando peinamos la zona, pero aún un pequeño grupo puede meternos en problemas serios. Recomendamos, igual, que se mantengan en zonas de máxima visibilidad, y no se internen solos a los bosques. También recomendamos que, si salen de la empalizada, vayan bien armados y lleven armadura de cuero. De ser posible, a caballo.
”Si es más gente… va a ser complicado. Mejor prepararnos para un posible enfrentamiento armado, por si acaso.
Las palabras preocuparon a la comunidad. Aún no hemos terminado de preparar las defensas, y la empalizada es bastante precaria como para resistir para un asalto armado. Aún tenemos muchos medicamentos, y nuestra producción de alimentos, gracias a que una de los nuestros sabe bastante acerca de ello y puede experimentar aún más (tiene un grado universitario y dos posgrados en la materia), está teniendo un excedente, necesario para sobrevivir el invierno, pero a todas vistas insuficiente. Somos un objetivo válido para una rapiña, y no sabemos nada de cómo pueden ser los demás grupos.
No obstante, nuestra comunidad es considerablemente más fuerte que sólo un grupo de desesperados. Estamos organizados, tenemos planes, y somos numerosos. Por lejos, el grupo más numeroso de supervivientes que hemos conocido, si bien insignificante en otros tiempos. Además, conocemos el territorio, y todos estamos entrenados y experimentados en supervivencia por el largo tiempo que ha pasado desde el primer golpe. Hemos sobrevivido a una marea de muerte, y todos y cada uno de nosotros se afiló y endureció en el proceso. No somos la gente blanda y plácida que fuimos.
Nuestras manos tienen callos del arado y la pala. Nuestras piernas y brazos son músculos bien desarrollados. Tenemos la piel bronceada por el sol, los miembros ágiles, las voluntades férreas, y los espíritus maduros. Hemos atravesado un infierno para llegar aquí, y eso ha dejado marcas profundas y heridas incurables, pero podemos vivir con ello.
Nos juntamos todos, salvo los dos vigías designados a la atalaya, en la sala comunal, a comer y compartir la compañía. Por aquí y por allá, conversaciones sobre temas prácticos y no tanto. Por allí, nuestra especialista con su bebé y su hermana, charlando acerca de un nuevo procedimiento que ingeniaron para reemplazar las latas de conserva. Por allí, una mujer mayor charlando con uno de los cazadores acerca de la fabricación de vidrio. Por otro lado, un grupo de varias personas comentando el avance lento de la empalizada.
Terminamos la cena, y nos acercamos al narrador que empieza a convocarnos a todos, y vamos con instrumentos en las manos. No sabemos qué nos espera mañana, pero esta noche, tenemos la certeza de música y de una historia bien contada.

5 comentarios:

Juan Carlos Batman dijo...

Falta pulir bastante, creo, pero la idea general está

Anónimo dijo...

Me guta. me hace acordar al comic q sale en la fierro "la tristeza", fijate merenguele
Pepi

Juan Carlos Batman dijo...

Sí,leí algo. Es del mismo chabón (ángel mosquito) que hacía "El granjero de Jesú"

Anónimo dijo...

Desolación y muerte... No hay Dios... (8)
Muy bueno, Erechel!! Gran avance en el proyecto!! Me gusta ver cómo va tomando forma... :D

Lady Cherry

Lisandro Frias dijo...

El relato es nítido, detallado como siempre. Noto un mayor pulimento en el estilo. Está muy bien, Bob, veamos hacia dónde nos lleva la historia.