jueves, 7 de enero de 2016

División Argentina

Señores, para el primer post de la nueva columna política voy a hacer algo que debí hacer hace ya un buen tiempo.

Uno de los principales "argumentos" que esgrimen muchos de los anti-k (curiosa denominación, por otro lado) es decir que los Kirchner generaron la división social. Más allá de que no es un argumento, sino una sentencia repetida tantas veces que mucha gente la da por cierta, porque jamás se dio un motivo específico o una medida específica de gobierno que "generara" la división social (pongámosle, como si de repente Argentina aboliera la propiedad privada), en realidad decir que Cristina generó la división social en Argentina es como decir que Estados Unidos inventó la guerra.

No, bajo ningún punto de vista. Sólo basta leer historia argentina un poco para darse cuenta que la división social es una característica recurrente en la Argentina desde su misma aparición en escena.

La división social en Argentina existe desde la Primera Junta, y pasó por todos los regímenes políticos, tanto de izquierda como de derecha, y con todos los grados de intensidad posibles. Baste recordar ahora la lucha violenta entre unitarios y federales, que dividió literalmente al país durante 50 años en el XIX, o entre conservadores y radicales a fines del XIX, o entre inmigrantes y "nativos" a principios del S. XX, o entre militares y demócratas desde el 30 en adelante, peronistas y radicales desde el '47, milicos y rebeldes desde el '55 hasta el '89 (con los carapintadas), menemistas y antimenemistas en los '90, neoliberales y antiliberales a partir del 2001, etcétera.

Por otro lado, asegurar que la "división", así como se la llama, la generó el gobierno en sí es como echarle la culpa de una violación a la víctima: a ningún gobierno le conviene una sociedad polarizada, porque eso te pone una fecha de vencimiento. Esto se ha dicho incontables veces, pero cualquier política que roce al establishment genera una reacción violenta por parte de los grupos de poder, que, usualmente peleados entre sí, se vinculan para atacar con virulencia a cualquier gobierno moderadamente popular. Baste mirar cualquier tapa de Clarín o La Nación para notar lo que pasa.

Lo que pasó en los últimos años es que se evidenció el conflicto social preexistente en la Argentina, porque, como con el peronismo clásico, mucha gente apoyó a un gobierno que consideró como propio, y no un mero avatar de los poderes coloniales. Si el gobierno fue realmente honesto, productivo, etcétera, eso ya se deja a criterio de cada uno, pero es innegable que el gobierno anterior se ganó la lealtad de una gran parte de la población, y eso generó ondas profundas en el estanque, ondas visibles desde la superficie mediática.

¿Podríamos decir que el gobierno anterior vivió durante una época en que se evidenciaba una clara división social? Sí, sin duda. ¿El gobierno anterior hizo ALGO para paliar esta división? No me consta. Pero tampoco me consta lo opuesto.

Cualquier medida que se tome, y que sea mínimamente relevante para el destino de un país va a generar rechazo de parte de muchos sectores sociales, ya sea esta medida progresista o conservadora. Afortunadamente podíamos, en el gobierno anterior, expresar nuestro rechazo de mil formas diferentes, y podíamos contar con medios que adoptaran cualquier postura, SIN MIEDO A REPRESALIAS por parte del gobierno. Aún con sus deudas pendientes (caso Mariano Ferreyra, que no fue baleado por la policía dicho sea de paso, si no por el gremio ferroviario).

Este gobierno YA tomó medidas en contra de los que hablan mal de ellos. Despidos masivos, cierre de programas de alto raiting, hackeo de la página web de Página 12 (está bien, podemos decir que no fue una medida de gobierno explícita, pero fue un ataque organizado a un medio opositor) y baleo a manifestantes (que SE HABÍAN MANIFESTADO TAMBIÉN CONTRA EL GOBIERNO ANTERIOR, pero sin balas).

Combatir la "división social" (gente, todas las sociedades son conflictivas) es complejísimo. Una de las formas de amortiguarla, por derecha, es aniquilarla por las armas, silenciarla mediáticamente, demonizarla. Fue lo que hicieron las sucesivas dictaduras militares. O algunos regímenes comunistas, llegado el caso. Una forma, digamos por izquierda, de combatir la división social es no hacer nada. Pero nada de nada, nada que pueda resultar mínimamente conflictivo: y esto es un quilombo, nadie puede moverse sin que a alguien le moleste. La otra es moderar, ser extremadamente diplomáticos, cosa también sumamente difícil. El gobierno anterior no hizo ninguna de las tres. Pero, sin duda, hizo muchas cosas, tomó muchísimas medidas, controvertidas, si se quiere, pero que en la mayoría de los casos funcionaron..

Este... parece que quiere acallar la disidencia a balazos y censura. Por suerte, existe internet.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Carta Abierta a la Dra. Cristina Fernández de Kirchner



Dra. Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta de la República Argentina

     Estimada señora presidenta,
soy uno más de los millones de argentinos a los que usted gobierna. Mi nombre es Esteban Ruquet, tengo treinta y un años, y soy profesor de Literatura en escuelas secundarias públicas de la Provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal. Como usted, soy platense y, también como usted, estudié en la UNLP. Soy un producto de la Educación menemista, del modelo neoliberal del Banco Mundial y el FMI, pero trabajo arduamente para que mis estudiantes no tengan el mismo tipo de educación que se impuso en mi generación: despolitizada, apática, excluyente.

Yo tuve la suerte de que mi madre haya sido de una gran lucidez, y nos haya inculcado a mi hermano y a mí el compromiso político necesario para intentar cambiar las cosas, aún desde nuestro pequeño lugar, por lo que desde la secundaria siempre estuvimos intentando ayudar a nuestros compañeros desfavorecidos, en nuestro caso intentando con escaso éxito remontar un inexistente Centro de Estudiantes, y conformándonos con al menos pagarles los boletos a los compañeros que no tenían dinero. Él también es docente secundario, pero de Biología, y también pertenece a la misma Universidad.


Sé que no soy nadie importante. Uno más de los miles de docentes jóvenes en la misma situación, todos con el compromiso explícito de intentar cambiar la realidad. Nunca milité en ningún partido, a pesar de mis ideas ligadas a la izquierda y el socialismo, fundamentalmente porque nunca me sentí identificado con ninguno. Aún hoy, a pesar de mi enorme compromiso político por mejorar la educación pública, sigo sin estar afiliado ni agremiado partidariamente. Pero siento el enorme impulso de escribirle, con la esperanza de que esta carta llegue a sus manos, y si tiene a bien, contestarme.
  

Mi primera razón para escribirle, es para darle fuerza. Debo decirle que nunca voté ni por usted ni por Néstor. Arranqué a votar justamente cuando él asumió, y lo cierto es que no sabía quiénes eran, pero lo hubiera votado en la segunda instancia. Sin embargo, una de las principales razones por las cuales empecé a cobrarles simpatía fue por su oposición, y porque veía los argumentos de quienes estaban en su contra como nefastos en el mejor de los casos. Déjeme decirle que influyó mucho en mis votos saber desde dónde venían: el duhaldismo, el menemismo, y eso siempre me molestó. Todavía no comprendía bien el peronismo.

Pero los argumentos de quienes están en contra de usted (principalmente) siempre me parecieron aborrecibles: la chicana barata, el odio desmesurado, el desprecio ante su condición de mujer como si eso fuese algo significativo. Vi el desmesurado odio de la clase media aspiracional hacia las clases bajas, el miedo a las villas transformado en un clasismo despreciable y horroroso del que piensa que “son todos chorros”, sin conocer el asunto.
     
Doy clases en Villa Catella, y conozco la mano. Sé que el villero es fundamentalmente el laburante, el obrero, la mano de obra barata de aquellos mismos que los desprecian y los tratan de vagos mantenidos por el estado, cuando no de delincuentes. Esas mismas personas son las que la atacan por ser mujer. Esas mismas personas a las que les molesta que sus políticas sean inclusivas, que odian la Asignación Universal por su carácter redistributivo, que le temen al color de la piel. En Catella vi con mis propios ojos la utilidad de la misma: chicas que eran madres a los quince años terminando el colegio. Chicos villeros creciendo para volverse bomberos, para salvarle la vida a las mismas personas que los desprecian. Una oportunidad para mejorar.

Son la ignorancia y el odio los que hablan del otro lado, pero creo que usted ya lo sabe. Aunque no la haya votado, Presidenta, sepa que estoy con usted. Que la defiendo siempre que puedo frente al odio y la estupidez, desde el diálogo y desde la enseñanza.

Esto me lleva al segundo motivo y es que estoy preocupado. Aunque nunca la haya votado, lo cierto es que siempre me sentí seguro cuando ustedes estuvieron en el gobierno. Durante sus gobiernos estudié, trabajé, me casé, y fue concebido mi primer hijo, que nació en agosto. Pero estoy preocupado, porque el odio, la ignorancia y la pelea incesante que contra su proyecto han emitido los medios, hoy tienen una herramienta, y es que su gobierno se acaba. Los candidatos favoritos me dan miedo.
Y es que representan a esa oposición de la que hablamos antes. Representan a los grupos privilegiados, a los núcleos de poder fáctico, a aquellos que odian cualquier tipo de integración latinoamericana. Y este es otro de los puntos que me llevaron hacia simpatizar con su gobierno: el acercamiento real a los países sudamericanos y latinoamericanos, su coraje para enfrentar y poner freno a la potencia imperial norteamericana, hacia el neoliberalismo capitalista del Banco Mundial y el FMI, hacia la “fina Europa”, que nos ve a los latinoamericanos como populistas colonizados, y que nos tratan como muchos de nuestros compatriotas a nuestros países hermanos: con desprecio, con odio, con miedo.

Tengo miedo por el proyecto continental. Tengo miedo de que quien continúe en el gobierno ponga un freno a la integración regional, y se baje los pantalones frente al poder internacional. Tengo miedo de que se alejen de los Correa, los Maduro, los Rousseff, los Morales y los Castro, y vayan a golpearles la puerta sumisamente a los Obama y los Merkel, a los poderes financieros, y al pensamiento imperialista, y vendan la Argentina al mejor postor.

Por todo esto tengo miedo por el futuro, un futuro en el que crecerá mi hijo. No quiero que él tenga la misma infancia que yo, no quiero que pase la infancia en una Argentina apática, apolítica, colonizada. Quiero que tenga un futuro brillante, un futuro como el que pareció vislumbrarse desde su gobierno. Quiero que no se avergüence de ir a una escuela pública, ni que esté en desventaja con respecto a nadie. Quiero que tal vez él pueda cumplir mi viejo y ya casi abandonado sueño infantil de ser presidente. No quiero que miremos al pasado y su gestión como una época dorada en la cual, con todos sus problemas, la Argentina miraba para adelante. Quiero que el período que compartieron con Néstor no sea otra cosa que un inicio, el principio de una Argentina fuerte, independiente e integrada a la Patria Grande que defendía Ugarte.

Finalmente, estaba impulsado a escribirle para darle las gracias. Darle las gracias por muchas cosas, pero sobre todo por demostrarme con argumentos que estaba equivocado. Gracias a usted por hacerme ilusionar con una Argentina distinta, y permitirme vivir en ella. Gracias por incluir a mis amigos homosexuales y transgénero en la plenitud de derechos progresivos a las que se vieron sujetos durante este gobierno. Gracias, y discúlpeme por estas palabras malsonantes pero no puedo permitirme eufemismos en este tema, gracias por poner en cana a los milicos genocidas, esas mierdas humanas que masacraron y torturaron a sueldo de los mismos poderes que usted combatió. Gracias por Latinoamérica unida. Gracias por revivir la política y la discusión, porque aunque no acuerde con todas las políticas que ha tomado, sí puedo decirlo en voz alta, y puedo defender también lo que considero que ha hecho bien. Gracias por permitirle a muchos amigos míos conseguir trabajos dignos y en blanco, aun cuando no la conocen y en muchos casos no lo aprecian.

Recuerdo mi adolescencia. Recuerdo mi época universitaria, cuando yo era el único de mis amigos que tenía un trabajo medio digno. Recuerdo tener que ir a comer a la casa de un amigo para que éste pudiera tener un poco de comida en la mesa, porque a pesar de haber terminado el secundario a los 18 años, no podía conseguir ningún trabajo. Ese amigo mío hoy tiene casa propia en La Plata, y es un trabajador industrial. Le doy las gracias por él, porque él nunca se las dará.

Gracias también por la cultura y la memoria. Por modernizar las bibliotecas escolares con las que trabajo, por generar las mismas escuelas en las que trabajo, que antes no existían, y que le permite a los pibes tener un mejor futuro. Gracias por permitirme darme el lujo de renunciar a un trabajo que no me satisfacía y permitirme trabajar de mi vocación, que es la docencia. Podría seguir dándole las gracias eternamente por la enorme cantidad de aciertos que tuvo el gobierno, pero me voy a contentar con uno: gracias por demostrar que su poder tiene límites. Que uno puede oponérseles a los poderosos y salir airoso. Que ningún medio ni poder financiero puede tirar abajo un gobierno democrático, popular e inclusivo. Gracias por sentar el precedente, y hacerme pensar que un futuro mejor es posible.

Queda mucho aún por hacer. El poder financiero aún está lejos de ser vencido, y la desigualdad aún existe en el mundo. Pero le estamos dando pelea desde todos lados. Como le he dicho antes, no soy nadie importante en mí mismo. Soy apenas un docente joven que trata de educar a unos sesenta pibes por año, desde mi pequeño espacio escolar: no tengo poder real, ni me sobra el dinero, ni tengo el suficiente capital cultural como para que mi voz sea oída más lejos que mi entorno inmediato, pero con eso solo, usted me hizo sentir importante. Me hizo sentir parte de un colectivo mucho más grande, interminable, de gente que quiere lo mejor para el país. Y que mis sesenta pibes por año no están solos, sino que tienen muchos compañeros en la misma situación. Y que uno de mis principales aliados, un ejemplo de lucha a seguir, fue alguien a quien no voté, y con quien no contaba, pero a quien no puedo concebir fuera del gobierno sin miedo por el futuro.

Porque cuando hay esperanza, hay miedo de que esa esperanza se acabe. Porque cuando uno quiere a alguien, lo que teme es que se vaya. Y aunque no sea una persona individualmente importante, mi principal compañera aún hoy es presidente de la República que tanto orgullo y tanta tristeza me da, pero ya no vergüenza. Fuerza, presidenta, que la admiro infinitamente, y quédese tranquila, que lo que han iniciado va a ser muy difícil de parar, porque gente como yo va a pelearla con uñas y dientes para que no se acabe. Gracias, compañera Cristina, de mi parte y de la de Nicolás. En él está la llave del futuro del país, y fue concebido durante su gobierno, y voy a hacer todo lo posible para que la recuerde a usted, y porque conozca lo que hizo Néstor también.


Un fuerte abrazo

 Esteban Ruquet
DNI 31.073912
Buenos Aires, 26 de Octubre de 2015

sábado, 30 de mayo de 2015

El Otro Ooo

Una referencia rolera...
Les dejo aquí un link a la revista Luthor, donde participo con cierta frecuencia (espero que la próxima vez sea para el próximo número). En este caso, es un trabajo acerca de Adventure Time, y la estructura de los Universos Ficcionales, categoría teórica de mi adquisición con la cual lo vinculo.

El artículo: 
http://revistaluthor.com.ar/spip.php?article113

lunes, 9 de marzo de 2015

La fetichización de la Crisis Argentina.

Ok. Después de ver Relatos Salvajes y de ver algunas de las entrevistas realizadas a Szifrón y su elenco, quiero hacer una serie de observaciones:
1) La película es fantástica. Es divertida, oscura y bastante universal. Habla de reacciones excesivas a situaciones degradantes en todos los casos.
2) Odié, ODIÉ a muchos entrevistadores y comentaristas, sobre todo aquellos condescendientes con "Oh, ¿esta película refleja la actualidad de la sociedad argentina? y cosas semejantes. Y ahí está mi descargo: en lo que denominaría la "fetichización de la Argentina en crisis". Cosa que podría llevarse a un punto mucho más general, y sería la mirada condescendiente del mal llamado "primer mundo" hacia Latinoamérica en general.
Claro, la sociedad argentina es una sociedad violenta, clasista y moderadamente corrupta. Ahora, ¿eso es una condición argentina o es una condición bastante más universal y humana? ¿Hubieran hecho esas mismas preguntas si esta película hubiera sido francesa o yankee?
Cuando uno ve algo de prensa internacional (debo admitir, soy lo suficientemente egocéntrico como para ver qué clase de repercusión internacional tenemos), o ve entrevistas a figuras públicas argentinas, siempre nota lo mismo: una "intensa preocupación" por la "situación difícil" de la Argentina. Una de las preguntas que se le hicieron a Szifrón partió de este punto, y siempre se dicen cosas como "pese a las limitaciones de presupuesto" o cosas así "es una gran película". Son este tipo de cosas las que me dan rabia a mí.
Relatos Salvajes no es una película de bajo presupuesto. Tiene a las principales estrellas cinematográficas argentinas en cartelera (Darín y Sbaraglia). Tiene explosiones (en la historia de Bombita y la de los que se pelean en la ruta). Tiene escenografías diversas y bien logradas (el puente en Salta, la casa de San Isidro, el salón lujoso de Érica Rivas, las calles porteñas, e incluso el restaurante de ruta, aunque sea minimalista). TIENE UN AVIÓN ESTRELLÁNDOSE EN UNA CASA.

Y fue producida por Almodóvar, no nos olvidemos.

Es una buena película con buen presupuesto, un blockbuster en toda la letra. Claro no tiene los millones de una película yankee, pero ¿qué película los tiene? Los yankees inflan presupuestos enormemente en su cine, pero es porque lo enfocan como una industria muy lucrativa a nivel mundial, con actores que cobran cuotas hiperbólicas, y efectos especiales absolutamente innecesarios.
Creo que hay un fetiche acá. Argentina no puede ser un país normal. A pesar de ser uno de los países con mayor IDH en el mundo, con una de las poblaciones más capacitadas, más tecnológicamente desarrollados, y mejor educados a nivel mundial, en las perspectivas internacionales (y también muchas nacionales) Argentina tiene que estar en crisis. Es una expectativa normal en el mundo acerca de nuestro país. De alguna manera, Europa y EEUU tienen que ser mejores que nosotros. Y como, honestamente, la pobreza en nuestro país no llega ni de lejos a la de muchos de nuestros vecinos, ni ésta es tan terrible, siempre tenemos que estar "en crisis" o "viviendo una situación difícil", o ser "una sociedad violenta".

Por supuesto, si uno ve la prensa amarilla de siempre, Argentina siempre está en su "peor momento". Además, los argentinos somos extremadamente críticos de nuestro país y del mundo, y somos además muy exigentes con respecto a lo que nos "merecemos como país". Pero, joder, hoy por hoy somos uno de los países más ricos del mundo, y sin tener que explotar a otros (como el "primer mundo"). Tenemos leyes que amparan a las identidades sexuales y de género, y las habilitan para casarse y adoptar hijos. Tenemos universidades, escuelas y hospitales gratuitos. Existen planes sociales para atender a las personas en estados deplorables, se trata el SIDA gratis, y una pareja que no sea rica puede acceder a un tratamiento de fertilidad en caso de no poder concebir. Tenemos una presidente mujer. Y es la segunda que tenemos (por más que la primera haya sido un títere y un desastre).

Tenemos problemas de pobreza, sí claro. Tenemos problemas sociales, ni hablar. Inseguridad, ponele (creo que no es tan grave como se suele pensar, aunque no niego su existencia). Pero si uno se fija en la peli, no es ni a gancho una peli centrada en problemas netamente argentinos, sino universales y tratados al modo argentino: con un cierto humor, un cierto tipo de lenguaje, unas características físicas específicas, pero de todos modos universales, tales como la burocracia, la corrupción, el clasismo, la violencia, la infidelidad. No habla de los temas que habla TN, ni de lo que usualmente hablan los medios internacionales. No aparece el Papa, ni Maradona, ni siquiera una referencia a Perón o a la Dictadura. No es un cliché, es un relato universal. No es una película partidaria.

Argentina tiene una larga tradición política. Una extensa, inabarcable y heterogénea cantidad de discusiones violentas, enconadas, hiperbólicas acerca de la "situación actual". No es un país perfecto, bajo ninguna circunstancia. Tiene sus problemas, y siempre los ha tenido. Algunos cuantos los hemos solucionado bastante (como el machismo inherente de la sociedad, la homofobia, el racismo, el fanatismo religioso, la moral retrógrada), aunque aún tenemos cuentas pendientes con ellos, y tenemos algunas situaciones sociales complejas, como el éxodo hacia las ciudades, la repartición de la riqueza, el clasismo. Pero en lo que va del siglo, hemos avanzado mucho también, a pesar de cualquier gobierno, de cualquier grupo económico.

Dejemos de fetichizar nuestra "situación": no estamos en crisis, ni somos un país poco serio, ni somos tampoco la utopía. Y a aquellos que miran desde afuera, por favor, dejen de lado el paternalismo. No se "preocupen" por nosotros. Preocúpense por ustedes mismos, por cómo ser países ricos sin explotar a los países pobres, por cómo no ser racistas, ni homófobos, ni machistas. Por cómo solucionar sus propios problemas de pobreza.
Y si quieren mirarnos, hagan como Grecia, e interésense por conocernos, así como nuestras experiencias de verdaderas crisis, y los aciertos y errores que tuvimos entonces para salir de ellas. No necesitamos su compasión, necesitamos su respeto.

viernes, 15 de noviembre de 2013

'Los desposeídos', la hipocresía y la libertad. -Incompleto.-

Ok. Acabo de terminar de leer Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin, y a pesar de mis prejuicios contra la autora (me había aburrido de sobremanera la saga de Terramar), creo que me causó un enorme torrente de cuestionamientos y preguntas internas, por no decir un considerable shock cultural.
Breve reseña para los que no lo han leído: Los desposeídos es una novela de ciencia ficción blanda, y con esto no quiero decir que descuide la parte científica, sino que definitivamente no es su prioridad (probablemente esto sea un punto fuerte; ¿alguno recuerda la impresión anacrónica y ridícula que dan las supercomputadoras de Asimov?), sino que se interesa más en una historia a contar. Y vaya historia. Dos mundos contiguos: Anarres y Urras, en el sistema Tau Ceti, enfrentados ideológicamente. Anarres es, esencialmente, una antigua colonia minera de Urras, su "luna" de un tamaño similar al propio planeta. Ciento setenta años antes del momento de la historia, Anarres fue otorgada a una facción revolucionaria: los odonistas, anarquistas libertarios que protagonizaron una encarnada lucha de clases en el planeta natal, concretamente en la nación de Ao-Ío. Casi doscientos años después, un científico anarresti viaja como invitado de Ao-Ío a Urras, ya que ha desarrollado una teoría temporal que puede ayudar a suprimir el tiempo y el espacio y lograr comunicaciones instantáneas interestelares. Pero desencadena una serie de reacciones

La novela es lenta, pero progresa, y va desenvolviendo una complejidad notoria.

Crítica educada a Seinfeld

Es frustrante cuando uno no encuentra placer en algo que a mucha gente le gusta, sobre todo cuando uno aprecia a esa gente y respeta sus gustos. Concretamente, estoy hablando de Seinfeld.

Siempre me aburrió, o al menos desde que conocí el programa. Hasta hace dos días no había visto capítulos completos: desde que tengo cable, si veo que lo están pasando, no me detengo a verlo. Pero decidí darle una oportunidad. Después de todo, no podía ser tan malo si a mucha gente piola le gusta.

Así que vi la primera temporada. 


Me aburrió.

No es exactamente "malo", puedo entender de qué van los chistes, y por qué a alguna gente les causa gracia, pero a mi gusto, depende demasiado de las risas enlatadas para rematar chistes, que por otro lado me parecen obvios.

Asimismo, la alegación de que es una serie acerca de "nada" resulta inexacta: Es una serie acerca de neoyorquinos "superados" y snobs, que tratan de ser irónicos con situaciones cotidianas. Pero los personajes no me parecen particularmente buenos ni entretenidos, ni nada. Hablando de lo cual, no me trago a Kramer: me parece muy artificioso su supuesta excentricidad. Algo así como un Sheldon sin onda (que conste, de TBBT es el personaje más choto, a mi entender, ya que está completamente flanderizado- busquen en tv tropes).

Reconozco que el humor depende de la ironía, pero a mi juicio está demasiado cerca de la generalización banal. "Todos los hombres tal cosa, todas las mujeres tal otra", al menos, en la parte del Stand Up.

Por otro lado, el Stand up me parece imbancable. No me parece un buen género de comedia; existen buenos cómicos que hacen Stand Up, pero serían mejores haciendo otras cosas. Esto, de cualquier manera, es debatible.

Más allá de esto, comprendo que en su momento fue una especie de ruptura para la tradición de comedia yanqui, que sentó bases para las actuales sitcoms, y que en contexto se lo puede apreciar como vanguardista. Pero el producto final no me parece la gran cosa. Original en su momento, demodé ahora. Y no hay que olvidarse que existían otras tradiciones humorísticas muy desarrolladas y rupturistas que no necesitaban la sitcom: recordemos que mucho antes ya existían Monty Python en Gran Bretaña,
y Boris Vian en Francia; y contemporáneamente, Cha Cha Cha y los monólogos del Perro, el personaje de Posca, en Argentina, Leo Maslíah en Uruguay . Mejores personajes, absurdo e ironía fina muy desarrollada, muchos estilos y diversidad de comedia. Así que vanguardista en un sentido muy limitado.

En fin, Seinfeld me resulta de esos plomazos que veía gente de clases medias-altas con acceso a cable, que encontraba alguna referencia en común a partir de la serie. Su principal atractivo fue su originalidad, pero este valor por sí mismo no dice demasiado -yo puedo hacer cuadros con soretes como pintura, pero eso no quiere decir que sea algo necesariamente bueno. Tal vez sea demasiado demoledora esta metáfora, pero se entiende. digamos: podría pintar emoticones sobre una pantalla vieja de computadora con un fibrón, y no dice demasiado.

Resultado final: mediocre. No más de una o dos sonrisas en toda la temporada.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Magia peronista

Esta es hechicería de la posta posta

El Hechicero de Batalla Perón
Más pragmático, invoca los poderes de la Justicia Social, lanza rayos desde la derecha y desde la izquierda (aunque secretamente prefiere la derecha)

El Necrorega
Con sus oscuros poderes, envenena la mente y corrompe los cuerpos. Utiliza al cadáver de Perón y realiza sacrificios dentro del Partido para ganar poder personal. Siempre se esconde detrás de los zombis y muertos vivientes que manipula.

viernes, 18 de octubre de 2013

Vidalet




Timodi pantef’ nepanda
Gepy enad Laled lalayr
Enaudnet meth ges menanda
Naneni disaur ‘Tirël
Enaudnet meth ges menanda
M’iöl meth pades nu Malël



Anónimo

jueves, 17 de octubre de 2013

Fantasía heroica y colonialismo cultural



En los tiempos que corren, no es demasiado arriesgado asegurar que vivimos en una sociedad profundamente colonizada culturalmente por las culturas hegemónicas centrales. Nuestras teorías académicas provienen del (mal llamado) primer mundo, particularmente de Europa occidental, especialmente Francia, Inglaterra y Alemania, y asimismo también del principal poder económico y cultural que haya conocido la historia: ni más ni menos que los Estados Unidos. Estos países han  creado una red de referencias sutiles y no tanto que se han expandido por todo el mundo conocido.
Asimismo, nosotros, como cultura hija del mestizaje, poseemos una enorme dosis de cultura europea medieval y antigua, en mucha mayor medida que indígena, en el punto en que en nuestros mismos programas de estudios históricos le damos prioridad a Europa y Asia Menor. En este sentido, es importante tener en cuenta que todos en América sabemos qué fueron las cruzadas, pero muy pocos sabemos de los conflictos armados entre mapuches y quechuas del Tawantisuyu, que terminó en tablas. Todos sabemos (más o menos) quién fue el Rey Arturo, Merlín y los Caballeros de la Mesa Redonda, y sólo una minoría conoce la leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo.
La aculturación, durante un choque de culturas, si no inevitable es como mínimo altamente frecuente. Como prueba tangible del predominio cultural de Europa Occidental dentro de nuestro universo de referencias se hace evidente en el mismo lenguaje común de todo Latinoamérica, o en la religión prioritaria de todo el Hemisferio Occidental; y se hace aún más evidente con los mecanismos masivos de comunicación, y los aparatos productores de cultura de masas.
En este sentido, una resistencia romántica con los supuestos “valores” patrios se vuelve fútil e ineficiente. Carecemos de los mecanismos de poder necesarios para lograr una penetración profunda en los centros de poder cultural, a diferencia de lo que tienen éstos para con nosotros, y ni hace falta mencionar que nosotros ya utilizamos los universos referenciales de los bloques hegemónicos, a los que adicionamos nuestras propias pautas. Por esto mismo, negar la influencia europea y norteamericana resulta inútil y contraproducente a la vez: no tenemos fuerza suficiente, y tronchamos nuestras propias culturas al extirparles algo que ya poseen.
Sin embargo, alguna clase de alternativa, y de resistencia cultural se vuelve imperativa, si no queremos estar condenados para siempre a la periferia cultural, deseando haber nacido en el Primer Mundo.
Para esto, podemos tomar nota de otras culturas ampliamente exitosas en su sostenimiento actual, como son las culturas de oriente lejano, o incluso los orígenes mismos de la cultura norteamericana. En estos países existe una política de apropiación cultural de valores ya considerados universales, y el trastocamiento de los mismos para darles una enorme influencia propia y transformarlos en parte de la cultura hegemónica, acumulando capital cultural (para usar una categoría académica francesa), y ponerse en el centro de la discusión. Podemos ver fácilmente como Japón, por ejemplo, entra en el centro del universo referencial con sus productos culturales, tales como su gastronomía (el Sushi) como por sus producciones narrativas artísticas (esencialmente animación, historietas y videojuegos). Lentamente, esta apropiación funcionó: en nuestro país tenemos grandes sectores juveniles apasionados y dedicados a la exploración de la cultura japonesa, y asimismo, prácticamente todos los sectores sociales jóvenes conocen y en alguna medida aprecian productos culturales japoneses: es fácil comprobar en un aula villera cuántos más vieron Dragon Ball Z o Naruto que aquellos que leyeron a Borges o el Martín Fierro.
Asimismo, las culturas hegemónicas no son impermeables, ni su blindaje cultural impenetrable. Pero para poder resquebrajarlo hay que saber por dónde entrar. Hay que saber hacer un buen uso de sus valores y referencias comunes, y contaminarlo con nuestras propias motivaciones, historias y valores, aceptando de una buena vez que, si escribimos una novela de caballería o fantasía heroica, sus referentes centrales ya forman parte de nuestra cultura: R. E. Howard, Tolkien, George Martin y Moorcock están en nuestras discusiones diarias y son ampliamente leídos y apreciados. Nosotros ya utilizamos sus valores en la vida diaria, debemos hacernos cargo. Pero no tenemos por qué permitir que dirijan la batuta. No tenemos por qué permanecer siempre en la periferia.
Podemos generar autores propios, que manejen los códigos hegemónicos y los emergentes a la vez, mixturando y veteando la lectura sin troncharla de raíz, o intentando bodoques tradicionalistas que carecen de valor más allá del anecdótico o del "patrio". Debemos hacernos cargo de la situación, si no queremos terminar de ahogarnos en la marea de la globalización, en lugar de surfearla. Por que no podemos bajar un acorazado a hondazos, a veces debemos subirnos al barco para matar al capitán y manejarlo nosotros.

viernes, 28 de junio de 2013

Los jardines de la Luna: el poder de la desmesura



Primero, lo básico. Los Jardines de la Luna, de Steven Ericsson, es un libro de fantasía heroica, primera parte de la saga de Malaz: El Libro de los Caídos, comparada en ocasiones con la saga de Martin, como nos encontramos de la siguiente manera en el New York Times:
 "En la actualidad se está haciendo la mejor y más adulta fantasía épica. ‘Canción de fuego y Hielo’ y ‘Malaz: el libro de los caídos son las sagas más importantes de este nuevo fenómeno, y son mucho más satisfactorias que la fantasía que nació al amparo de Tolkien"[1]
Debo decir que no estoy de acuerdo. No digo que el libro sea necesariamente malo, pero sería exagerado compararlo con Martin, ya que éste se le escapa por una esfera radicalmente diferente, a mi juicio mucho más verosímil y madura, y claramente está destinado (por innovación estilística, de género, complejidad de personajes y del mismo universo ficcional) a ser considerado uno de los grandes de la literatura fantástica, en absoluto al pie ni deudor de gente como Tolkien.
Los Jardines de la Luna, en cambio corre por un carril completamente diferente. En el mismo prólogo, el autor se reconoce deudor de un universo ficcional ya creado en grupo por parte de un juego de rol, competidor de AD&D, GURPS. Y su origen como juego de rol se ve claro desde el inicio, con todas sus flaquezas y fortalezas.
En el primer capítulo del libro, aquel que pone en escena el último año de un emperador de dos continentes (!), Kellanved, nos enteramos que una agente de la Garra –una compañía poco clara de asesinos del Imperio de Malaz-, Torva, ha impuesto una ley contra la hechicería. Nos enteramos también que hay batallones de magos (!!), y que el mismo emperador es un archimago también, conquistando otro continente ciudad a ciudad. Poco después, pero también en las páginas iniciales, nos enteramos que los dioses entran y salen del mundo mortal con facilidad, y que matan batallones y pueblos enteros dentro de un imperio consolidado por los magos, pero no pueden detectar la presencia de una bruja no muy potente dentro del espíritu de una pescadora (!!!).
Poco más adelante, nos encontramos con soldados asediando una ciudad, protegida por lo demás por una montaña-fortaleza flotante, perteneciente a un antiguo personaje legendario, inmortal, Anomander Rake, llamado también “Hijo de la Oscuridad”. Este ser desata una verdadera lluvia de pirotecnia (o mejor dicho, un verdadero bombardeo de misiles Patriot y Tomahawk) sobre el “último” batallón de magos del Imperio Malazano, destripando sin despeinarse a los zapadores, parte restante del ejército de élite del emperador Kellanved, los Abrasapuentes.
Asimismo, los Archimagos a los que se enfrenta conjuran entre sí, y ahí lo tenemos a Tayschrenn, archimago supremo de la nueva Emperatriz, Laseen, antiguamente la asesina Torva, conjurando demonios para destripar a Mechones, Bellurdan, Velajada y toda una cábala de magos superpotentes. De ellos, sólo sobreviven Velajada y Mechones, transmutada su alma a una marioneta de madera por el mago de los abrasapuentes, Ben el Rápido, quien será un personaje crucial más adelante.
El argumento en sí no es “malo”, ya que la principal debilidad pertenece al mundo ficcional. Con destacamentos enteros de magos, verdadera artillería pesada inmune a buena parte de las armas mundanas, y con poderes como Anomander Rake sueltos en el mundo, ¿qué pintan los ejércitos convencionales? Uno solo de los demonios de Tayschrenn puede dejar en jaque a toda una ciudad. Los gastos en los que incurre el imperio (cuya ansia de dominio mundial es de una incoherencia aún mayor, en la medida en que no se puede saber cómo se mantiene tan campante sin conflictos internos) sólo en mantener a las tropas no se ve justificado al poseer magia de semejante calibre.
A lo largo del libro nos vemos confundidos, desorientados y un poco desencantados por las altas expectativas generadas por el mismo. Lo vemos cada vez más claro: los magos son el análogo a los superhéroes, y hay muchos. Asimismo, el Imperio de Malaz tiene a una raza de momias ancestrales (!!!!) a su servicio, los T’lan Imass, que cuentan con no menos de 300.000 años de edad, y son prácticamente indestructibles, indetectables y poderosos. Soldados que desequilibran a las fuerzas mágicas normales, capaces de destripar mentalmente a cualquier hechicero a su alcance. Con semejantes aliados, es comprensible que el imperio malazano sea tan extenso, pero lo que es incomprensible cada vez más es qué pintan los ejércitos convencionales ¿mantenimiento, tal vez?
Desmesura, tras desmesura, tras desmesura.
El libro avanza interminablemente entre intrigas y sabotajes, una guilda de asesinos y hechicería desmesurada a cada paso. Muchos personajes, con los cuales resulta muy difícil hacer algún vínculo, capítulos excesivamente largos y separación interna entre “Libros”. Por supuesto, comprenderemos que la raza humana no es la única que cabalga (¿con qué objeto, si hay montañas voladoras?) por los prados genabackeños. Así, hay barghastianos, moranthinos, tiste andii (drows, para los que sepan de qué va la mano), algunos imass supervivientes, jaghut (especies de onis japoneses), trells, dragones, y en el pasado hubo K’chain Che’malle (para mí “Qué chancha mala”, aunque eran como unos deynonichus inteligentes), forkrul assail, thelomen toblakai, más jaghut, Tiste Edur y Tiste Liosan.
Los personajes a mí (gusto personal) no terminan de cerrarme, tal vez porque se cambia la perspectiva demasiado rápido en capítulos larguíiisimos. Son especialmente apropiados el glosario del final y el dramatis personae del principio, sin los cuales la narrativa se trunca y se pierde fácilmente de vista qué es lo que uno está leyendo.
La trama se centra finalmente en las intrigas en Darujhistan, la “joya” de Genabackis, alimentada por gas natural. Es la próxima ciudad a ser conquistada por Malaz, y vemos cómo los soldados abrasapuentes intentan sabotearla por métodos terroristas (claro, el libro es del 91, diez años antes del atentado que le dio a Delfín Quispe la fama).
 Sin entrar en detalles, hay que decir que en muchos lugares el libro falla. Es ambicioso, sí, medianamente original, también (a pesar de los drow), pero es incoherente. El calibre de los poderes manejados hace innecesarios un montón de manejos y esquemas del libro mismo, aunque al final hay una especie de redención.
Sí, los personajes mágicos son tan poderosos que dejan enanos a todos los demás. La liberación de un tirano jaghut, capaz de combatir contra cinco dragones a la vez y de atacar incluso a dioses (que, al fin y al cabo, no son taaaan poderosos como los mortales) aún sin el pleno uso de sus poderes es la prueba, así como los demonios embotellados del archimago Tayschrenn (¿cómo demonios embotelló seres capaces de destruir ciudades sin ser él mismo capaz de hacerlo?) son la prueba. Incluso la Guilda de Asesinos está gobernada por una archimaga, Vorcan, más poderosa que los principales miembros de la Cábala de T’orrud, el gobierno secreto de Darujhistan.
Pero al final, luego de tomar un cuerpo y enfrentarse a los mejores magos de la ciudad, el “lich” jaghut se muere de un granadazo en la cabeza, de pólvora, tirado por un “soldado mediocre”, que dice “esa es la forma de tratar con magos, ¿no?”, y Vorcan interrumpe su matanza de magos, drows y brujas cuando un ladrón medio pelo le tira un ladrillazo en la cabeza. Incluso vemos un deje de coherencia en la figura de la consejera Lorn, cuya espada de flebotinum… ejem “otataralita” absorbe la magia, mismo material que usa un asesino, Rallick Nom, para oponerse a un asesino-mago y matarlo.
Creo que esa limpieza de poderes pone un poco de relatividad a una historia que por momentos se aleja tanto de la humanidad que se vuelve abstracta. Más allá de la artillería mágica, de la desmesura, de la falta de sutileza y la confusa narrativa, existe aún el ladrillazo oportuno que impide el hechizo (literalmente, el libro dice “ladrillazo”, al menos en la traducción), y me hace apreciar un poco más la trama.
Si gustan de un mundo que chorrea magia hasta por los poros, a tal punto que se vuelve una especie de tecnología estilo Star Wars (Estrella de la Muerte = Engendro de Luna; rayos mágicos = lásers) y pierde cualquier tipo de “encanto”, léanlo. Pero estén advertidos: de ninguna manera le llega a los talones a Martin.


[1] Citado en la contratapa del libro “Los Jardines de la Luna” publicado por La Factoría de Ideas.