Mostrando entradas con la etiqueta Diario de viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de viajes. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2010

Y se jueh, nomáis


Y se me fue a Bolivia, la Penguelle. Igual son algo así como 15 días (14 en realidad), así que en febrero estará por aquí otra vez. En realidad la envidio. Tengo ganas de ir al norte desde hace tres años, pero como el trabajo es inseguro, no puedo arriesgar plata en viajes largos (y caros).
Así que ella se fue a Macchu Picchu, y yo, con suerte, a Punta Indio...

miércoles, 23 de enero de 2008

Diario de Viajes: Patagonia 2

Si no resumo, quizás sea el post más largo de la historia.
Entonces: En Madryn al final encontramos un hostel barato y copado, llamado Kamaruko. Estaba atendido por su dueño y por un barman checo que llegó a Argentina tras salvarle la vida a uno de nosotros en París. Ahí conocimos a un montón de gente, entre ellos a un israelí de padres argentinos llamado Yaniv y a una rosarina llamada Alejandra, a una porteña y una barilochense muy copadas llamadas Yamila y Berna, a las cuales me podría haber arrumacado, de no ser porque los garcas de la empresa de autos con la que habíamos arreglado para alquilar uno e ir a Península de Valdés nunca aparecieron. Conocimos a un italiano y una chilena llamados Stéfano y Paula, que nos llevaron hasta El Bolsón a Rodrigo y a mí. Ahí nos separamos de Augusto, y comenzamos a viajar con ellos, un poco apretados con las mochilas y la carpa.
Fuimos primero a Punta Tombo, una pingüinera enorme, con bichos un poco agresivos sobre la costa atlántica. Pasamos un ratito por Gaiman a tomarnos un café para darnos fuerza y seguir el viaje. Estuvimos toda la noche arriba del auto, apenas durmiendo de a tramos y relevándose ellos para manejar.
Llegamos a El Bolsón. El primer día nos quedamos en un hostel un poco extraño, con gente que no estaba muy enterada de cómo eran los ídem. Dormimos casi todo el día, porque estábamos cansados de viajar, y después de una siesta de seis horas, con Rodrigo fuimos a recorrer el pueblo: no es tan hippie como pensaba, y todo cuesta bastante caro. Salimos a la noche, a un bar que a Fede le hubiera gustado, pues todo tenía relación con superhéroes (principalmente los tragos y el menú).
Al otro día, siempre con Stéfano y Paula, fuimos a la feria de los artesanos, y terminamos subiendo al cero Piltriquitrón, yendo al Bosque Tallado. Al otro día salimos del pueblo hasta Wharton, una localidad pequeñísima del Bolsón que posee un acceso a las montañas de la cordillera. Por ahí fuimos al Cajón del Azul, que es como un puente natural muy alto por encima del Río Azul. Llegamos agotados al refugio, y con más hambre que el chavo del ocho, tanto que nos quedamos sentados en un asiento tabla con una piel de cordero por dos horas y media, y yo me comí un kilo de asado con ensaladas varias, pan casero, chutney y chimichurri más abundante de lo que servían habitualmente, virtud a que el tipo me vio cara de muerto de hambre. También nos regalaron un paquete de arroz y sal, que comimos a la noche. Acampamos ahí, y conocimos a unas chicas de capital. La más interesante de ellas se llamaba Violeta.
Al otro día fuimos al cerro Hielo Azul, por el camino de subida (estábamos piruchos), pero antes
nos regalaron medio pan casero. También llegamos agotados al refugio del Hielo Azul, que no estaba tan bien, y mal comidos. Volvieron a regalarnos arroz y pan (aunque esta vez fueron nuestros compas de viaje), y dormimos ahí.
Al otro día habíamos planeado subir al glaciar Hielo Azul, el último de la patagonia yendo de sur a norte, pero estábamos agotados, por lo que Rodrigo y yo decidimos no hacerlo, ya que debíamos regresar. No fue en vano. Conocimos a un hippie con un mambo budista tibetano muy copado, que tenía unos instrumentos muy interesantes, cuya descripción más acertada sería una especie de olla de siete metales diferentes que al pasarle un trozo de madera alrededor sonaba muy extraño, y unas tingchas, que son esas campanitas planas con dibujos de dragón.
Tuvimos una sesión de meditación y masaje shiatsu, y emprendimos la retirada estratégica de la montaña.
Sin embargo, el viaje de vuelta fue más difícil de lo esperado. Ese día no habíamos comido, y el camino era una bajada muy empinada que se bajaba corriendo. Me subió mucho la temperatura y me empezó a bajar la presión. La gente del grupo con el que bajaba era más rápida, pues no estoy en tan buen estado físico como creía y además continuamente se me desabrochaba la bolsa de dormir, y para alcanzarlos tenía que correr más rápido y en tramos que no precisaban hacerlo. Casi no descansé ni tomé agua, así que cuando llegué a la orilla del Azul comencé a cargar la cantimplora, y cundo bebí me desvanecí. Por poco no caigo al río, un dejo de conciencia residual me hizo aferrarme a unas piedras, y salvarme. Un poco después, el camino se hacía más y más difícil, hasta que ví regresar a los otros, diciendo que nos habíamos perdido. Pudimos retomar el camino, pero yo sentía náuseas y la presión muy baja. Cruzamos el río, y pensábamos que ya terminaba el camino, pero al final no fue así. Encontramos a otra gente en el camino, y seguimos unos dos kilómetros más, hasta que ví que el camino no finalizaba y perdí los nervios (lo único que me mantenía estable, pues tenía la presión muy baja) y volví a desvanecerme, aunque ahora con gente alrededor. Rodrigo salió corriendo a rescatarme, y bajó al río por una pendiente a buscar agua para reanimarme.
Después de todo, llamamos un remís y volvimos al Bolsón, aunque llegamos como a las diez de la noche y no había alojamiento. Nos separamos de Paula y Stéfano. Fuimos a buscar refugio a la comisaría (nos echaron), y al hospital, donde todas las camas estaban ocupadas. Mugrientos, nos rescataron unos mapuches en el hospital, y nos llevaron a su chacra para acampar. Yo me sentía muy mal, y no comí nada. La chacra estaba alquilada por unos gitanos, y fue un demente pasado de rosca a prenderles fuego los autos, por lo que el hermano del chico que nos llevó hasta ahí nos dejó acampar en su casa. A la mañana (hoy), nos cebaron mates y nos convidaron pan con manteca y dulce. Pasamos a saludar a la señora y al chico que nos rescataron en el hospital, y nos tomamos un micro hasta la terminal de El Bolsón. Ahí, nos pusimos a hablar con una señora que nos regaló yogur, y emprendimos el viaje a Bariloche. Fuimos a hospedarnos a la pensión de Ofelia, pero como yo estaba muy sucio, la vieja se asustó y me dijo que estaba completo. Nuevamente, Rodrigo al rescate, convenció a Ofelia que nos alojara, y aquí estoy, después de una ducha, de comerme un tostado y tomarme un café con leche, actualizando el blog. Tenemos pasajes para el viernes, así que el sábado a la mañana estaremos allí.
Por ahora no hay fotos. Si las quieren ver, tendrán que entrar en un par de días, cuando estemos en La Plata.

sábado, 12 de enero de 2008

Diario de Viajes- Patagonia (Madryn)

Bueno... Hoy estoy de mal humor. En la Patagonia no hay nadie que te levante en la ruta si no sos mujer y estás buena. Tuvimos que tomar micros y gastar plata a lo loco. Además, hasta ahora, a pesar de ser la persona con más experiencia nadie me dio ni cinco de pelota para viajar. Por el momento Augusto está con Gustavo, un amigo de Madryn, y Rodrigo y yo en un hostel falso, porque tiene menos onda que un renglón. Hasta ahora, el viaje patagónico fue un verdadero fiasco

martes, 31 de julio de 2007

Paratyso argentino



Paraty y Rio de Janeiro. Dos paraísos.


Paraty es una ciudad colonial, muy parecida a Colonia del Sacramento, sólo que nunca fue tomada por españoles y en un paisaje marítimo de ensueño, en medio de varios morros que se adentran en el mar. Ahí me hospedé en un hostel manejado sorpresivamente por argentinos, que por compatriota me rebajaron el precio. En el hostel Augusto hubiera enloquecido: Kayaks, bicicletas, pool y ping-pong gratis. La ciudad le hubiera fascinado al Gordo padre, por su semejanza con la Colonia de Uruguay, y a mí por muchas causas, principalmente musicales. La bahía en la que se encuentra fue escenario de numerosas batallas navales, y fue el primer puerto para Europa proveniente de Minas Gerais, pero fue desplazado principalmente en favor de Angra dos Reis, con la favorable consecuencia de que la ciudad permaneciera casi intacta al paso de los siglos, lo cual la volvió un centro cultural de bastante importancia, por lo que allí se realizan numerosos eventos artísticos (conciertos en los bares, concursos y festivales literarios, festividades como el Bloco da Lama), todos en el centro histórico. La ciudad en sí no es tan bonita como Colonia, pero el marco natural la vuelve impresionante.


En el hostel conocí a un escritor francocanadiense, todo un personaje, que estaba en Brasil escribiendo un libro que de publicarse según sus planes le permitiría comprarse un velero para vivir. También por supuesto trabé amistad con los argentinos que moraban allí, con la consecuencia de que me invitaran a comer lechón, y por último a un par de españoles muy simpáticos (son una pareja y ella le lleva a él ocho años... los entendidos en el tema que se guarden comentarios) que me pasaron la data para otro en Río, mucho más barato que los demás (R$ 19 la noche). Ahora estoy en Río. En otro momento les cuento...





viernes, 27 de julio de 2007

Abraços Gratis


São Paulo es una GRAN ciudad. Hoy estuve recorriendo toda la ciudad (una de las más grandes del mundo... y una de las más contaminadas también), si existe una palabra para definirla es: CAOS. Es extremadamente fácil perderse, pero perderse puede ser también grato, y la gente no tiene problemas en dar indicaciones. Antes que nada, debería desmentir todos los mitos que corren sobre Brasil, como por ejemplo, que es peligroso. Nada de eso. No más que cualquier ciudad de Argentina; otro es que la carne es mala. Tampoco, es tierna y rica como en Argentina. Otra es que a los argentinos no nos quieren, y también es falso, nunca encontré gente más amistosa, abierta y hospitalaria.
En fin, acá hay muchas cosas muy curiosas: la primera, es que la oferta cultural de São Paulo es increíble, mucho mayor que la de cualquier ciudad en la que haya estado. Y lejos, está el museo de arte moderno, el Teatro Municipal (bellísimo), sede de la Semana de Arte Moderno de 1922; la pinacoteca (impresionante) y la Avenida Paulista, el mayor centro económico de América Latina (incluida Canadá), llena de rascacielos; pero nada de esto me impresionó tanto como una pequeña manifestación cultural en la Avenida Paulista: muchas personas con la cara pintada y carteles que decían "abraços gratis"! Estas personas, previsiblemente, se acercaban y abrazaban a cuanta persona se encotrara curiosa con su cartel. Una idea importable a Argentina, sin duda alguna.
Saludos

Diario de Viaje 3: São Paulo


Hola, Bona Gens. Aquí estoy, después de tres días de ruta, en São Paulo. Es una ciudad MUUUUUUUUUUUUUUUUUUY grande (tiene cerca de treinta millones de habitantes), y es la capital cultural de Sudamérica. Por el momento estoy parando en la casa de mi amigo Marcus, un brasileiro que me está guiando y sirviendo de traductor, y con el que viajamos juntos desde Rosario.

Brasil es distinto. Las calles son muy diferentes a las de Argentina, la gente es muy simpática y amable, y se come muuuuy bien y muy barato. A la gente le preocupa mucho su alimentación, y comen muchos porotos y arroz, más que un estudiante argentino en La Plata!! En cualquier lugar se puede comer por entre 4 y 7 reales, tenedor libre.

Por ahora me cuesta bastante hablar en portugués, pero en breve sé que voy a terminar aprendiendo (espero).

Bueno, Gens. En una semana vuelvo a la Argentina, y los veré allí. En breve voy a hacer otro post. Saludos

martes, 24 de julio de 2007

Diario de viaje 2


Ya partí de Rosario, la ciudad que me hizo señtir un aburrido pueblerino. La verdad es que caminando por la costanera me dí cuenta de que es una gran ciudad, muy distinta de La Plata aunque con un aire similar, ¡hasta tienen una casa de la poesía!

En el hostel conocí a muchas personas: varios marplatenses, un mejicano loco, varios brasileños, dos ingleses, un francés y algunos porteños; así que terminé por viajar con un brasileño muy simpático, de San Pablo, que ya se está volviendo. Hoy estoy en Iguazú, y mañana voy a conocer las cataratas antes de ir a Brasil definitivamente. Hoy hay fiesta!! Manténganse leyendo, así saben de mi vida.


Éstos son Fernando, Marcus, y Rígel (los dos primeros brasileños y el tercero es mejicano)

domingo, 22 de julio de 2007

Diario de viaje 1



Heme aquí, otra vez de viaje. Hoy estoy en Rosario, una ciudad muy bella y afamada por sus hermosas mujeres. Ayer tuve el gusto de comprobar la calidad (aunque el difícil acceso) de las rosarinas. Estoy en un Hostel, con mucha gente de todos lados: hay ingleses, un francés, dos mejicanos, muchos brasileños y muchos marplatenses. La mayoría ahora está durmiendo, porque el alcohol corre como agua y la resaca se adueña de las cabezas y estómagos de la mayoría. Como yo no bebí tanto, bueno, estoy en pie.

Todavía no recorrí mucho la ciudad, sólo el trayecto desde la terminal de micro hasta el hostel, que son aproximadamente unas veinte cuadras, pero todavía ni siquiera fui al río. En fin, eso vendrá en breve. Mañana o pasado ya voy a rumbear para Brasil, y ahí voy a ser un poco más detallado.

Saludos