martes, 5 de junio de 2007

Reflexiones I


Es casi un hecho que los hombres somos notoriamente más sensibles que las mujeres. Rara vez las mujeres piensen en una persona más allá de cierta cantidad de tiempo, (uno, dos, o acaso tres meses), y es cierto que la mayor parte de las relaciones de pareja son terminadas por las mujeres, aunque, por supuesto, se dé el caso contrario. Los hombres, en nuestra sensibilidad, aprendemos a convivir con el dolor del rechazo y la humillación, que no por eso dejan de ser movilizadores y poderosos.
El efecto más obvio es que, si bien rara vez una mujer cambie su personalidad y perspectivas de la vida tras una experiencia traumática con un hombre, los hombres, que nunca olvidamos, y damos mil y mil vueltas al asunto, adoptamos ciertas características propias, únicas y absolutamente impredecibles en torno a grandes aspectos de nuestra vida en general.
Los recuerdos se alojan, pues, en nuestro cerebro para no irse jamás. La nostalgia y la melancolía aparecen sin que podamos hacer nada para evitarlo. Los grandes golpes nos han marcado cicatrices que no podemos ocultar, ni curar, apenas si disimular. El cambio es inevitable, y no hay forma de regresar. El miedo se aloja en nuestro espíritu, y no nos suelta.
Inevitablemente crecemos, aunque de una manera que nunca habíamos previsto, de una manera que podría ser muy distinta de no ser por recuerdos puntuales: un par de ojos, una piel suave y sedosa, un cabello fragante, un abrazo en una noche de frío. Hoy en día nada de eso tenemos, y nada de eso queremos, pues tenemos miedo de que acabe como aquella vez, o aún peor: en la más brutal de las indiferencias cotidianas, el aburrimiento veraniego de las parejas de casados incapaces de mirarse a los ojos.


Stephanos kai...

4 comentarios:

Ferchus dijo...

Creo que estas haciendo las cosas demaciado generales como para que sea un planteo válido.
Además, uno debe darse cuenta que se tiene que contruir de los errores y los fracasos para salir adelante.

Estebon dijo...

Salir adelante? Una linda ficción al igual que el progreso

Anónimo dijo...

Mediocridad a la enésima potencia? Ausencia de autoestima y falta de fe en mí mismo? y por eso defenestrás a los demás, para justificar tu "mediocridad".
Ya sabés quine soy, no me gustan las generalizaciones, ni de una personalidad (ya que no tenemos una úna faceta) ni esa de meter a todos los tacheros, a todos los que no "saben" de arte, no a todos los que no piensan como vos en una misma bolsa ...

Estebon dijo...

Evidentemente, no sé quién sos. Y no, no meto a todos en la misma bolsa, sólo a aquellos que, sin saber, sin preguntar, sin investigar, opinan sólo por reafirmación de prejuicios. Si revisás el blog, hay gente que discrepa conmigo y no por eso la descalifico, ni la denigro.
En cuanto a lo del post éste, no necesariamente en cierto. Todas las construcciones de este blog son al menos en parte ficticias, y al menos en parte irónicas. Ciertamente me puedo equivocar, y muy fiero, y soy el primero en admitirlo. Yo mismo no sé mucho sobre arte, pero me abstengo de hacer opinología sobre la cuestión, y me dedico a investigar, y a instruirme. En cualquier caso, tus propios argumentos te invalidan: ¿Que sentís VOS al "denigrarme" a mí? ¿Alguna clase de revancha? Ni loco voy a borrar tu comentario, pero me parece que sería bueno que dijeras quién sos. Con todos mis defectos, al menos me hago cargo de mis palabras.