viernes, 28 de junio de 2013

Los jardines de la Luna: el poder de la desmesura



Primero, lo básico. Los Jardines de la Luna, de Steven Ericsson, es un libro de fantasía heroica, primera parte de la saga de Malaz: El Libro de los Caídos, comparada en ocasiones con la saga de Martin, como nos encontramos de la siguiente manera en el New York Times:
 "En la actualidad se está haciendo la mejor y más adulta fantasía épica. ‘Canción de fuego y Hielo’ y ‘Malaz: el libro de los caídos son las sagas más importantes de este nuevo fenómeno, y son mucho más satisfactorias que la fantasía que nació al amparo de Tolkien"[1]
Debo decir que no estoy de acuerdo. No digo que el libro sea necesariamente malo, pero sería exagerado compararlo con Martin, ya que éste se le escapa por una esfera radicalmente diferente, a mi juicio mucho más verosímil y madura, y claramente está destinado (por innovación estilística, de género, complejidad de personajes y del mismo universo ficcional) a ser considerado uno de los grandes de la literatura fantástica, en absoluto al pie ni deudor de gente como Tolkien.
Los Jardines de la Luna, en cambio corre por un carril completamente diferente. En el mismo prólogo, el autor se reconoce deudor de un universo ficcional ya creado en grupo por parte de un juego de rol, competidor de AD&D, GURPS. Y su origen como juego de rol se ve claro desde el inicio, con todas sus flaquezas y fortalezas.
En el primer capítulo del libro, aquel que pone en escena el último año de un emperador de dos continentes (!), Kellanved, nos enteramos que una agente de la Garra –una compañía poco clara de asesinos del Imperio de Malaz-, Torva, ha impuesto una ley contra la hechicería. Nos enteramos también que hay batallones de magos (!!), y que el mismo emperador es un archimago también, conquistando otro continente ciudad a ciudad. Poco después, pero también en las páginas iniciales, nos enteramos que los dioses entran y salen del mundo mortal con facilidad, y que matan batallones y pueblos enteros dentro de un imperio consolidado por los magos, pero no pueden detectar la presencia de una bruja no muy potente dentro del espíritu de una pescadora (!!!).
Poco más adelante, nos encontramos con soldados asediando una ciudad, protegida por lo demás por una montaña-fortaleza flotante, perteneciente a un antiguo personaje legendario, inmortal, Anomander Rake, llamado también “Hijo de la Oscuridad”. Este ser desata una verdadera lluvia de pirotecnia (o mejor dicho, un verdadero bombardeo de misiles Patriot y Tomahawk) sobre el “último” batallón de magos del Imperio Malazano, destripando sin despeinarse a los zapadores, parte restante del ejército de élite del emperador Kellanved, los Abrasapuentes.
Asimismo, los Archimagos a los que se enfrenta conjuran entre sí, y ahí lo tenemos a Tayschrenn, archimago supremo de la nueva Emperatriz, Laseen, antiguamente la asesina Torva, conjurando demonios para destripar a Mechones, Bellurdan, Velajada y toda una cábala de magos superpotentes. De ellos, sólo sobreviven Velajada y Mechones, transmutada su alma a una marioneta de madera por el mago de los abrasapuentes, Ben el Rápido, quien será un personaje crucial más adelante.
El argumento en sí no es “malo”, ya que la principal debilidad pertenece al mundo ficcional. Con destacamentos enteros de magos, verdadera artillería pesada inmune a buena parte de las armas mundanas, y con poderes como Anomander Rake sueltos en el mundo, ¿qué pintan los ejércitos convencionales? Uno solo de los demonios de Tayschrenn puede dejar en jaque a toda una ciudad. Los gastos en los que incurre el imperio (cuya ansia de dominio mundial es de una incoherencia aún mayor, en la medida en que no se puede saber cómo se mantiene tan campante sin conflictos internos) sólo en mantener a las tropas no se ve justificado al poseer magia de semejante calibre.
A lo largo del libro nos vemos confundidos, desorientados y un poco desencantados por las altas expectativas generadas por el mismo. Lo vemos cada vez más claro: los magos son el análogo a los superhéroes, y hay muchos. Asimismo, el Imperio de Malaz tiene a una raza de momias ancestrales (!!!!) a su servicio, los T’lan Imass, que cuentan con no menos de 300.000 años de edad, y son prácticamente indestructibles, indetectables y poderosos. Soldados que desequilibran a las fuerzas mágicas normales, capaces de destripar mentalmente a cualquier hechicero a su alcance. Con semejantes aliados, es comprensible que el imperio malazano sea tan extenso, pero lo que es incomprensible cada vez más es qué pintan los ejércitos convencionales ¿mantenimiento, tal vez?
Desmesura, tras desmesura, tras desmesura.
El libro avanza interminablemente entre intrigas y sabotajes, una guilda de asesinos y hechicería desmesurada a cada paso. Muchos personajes, con los cuales resulta muy difícil hacer algún vínculo, capítulos excesivamente largos y separación interna entre “Libros”. Por supuesto, comprenderemos que la raza humana no es la única que cabalga (¿con qué objeto, si hay montañas voladoras?) por los prados genabackeños. Así, hay barghastianos, moranthinos, tiste andii (drows, para los que sepan de qué va la mano), algunos imass supervivientes, jaghut (especies de onis japoneses), trells, dragones, y en el pasado hubo K’chain Che’malle (para mí “Qué chancha mala”, aunque eran como unos deynonichus inteligentes), forkrul assail, thelomen toblakai, más jaghut, Tiste Edur y Tiste Liosan.
Los personajes a mí (gusto personal) no terminan de cerrarme, tal vez porque se cambia la perspectiva demasiado rápido en capítulos larguíiisimos. Son especialmente apropiados el glosario del final y el dramatis personae del principio, sin los cuales la narrativa se trunca y se pierde fácilmente de vista qué es lo que uno está leyendo.
La trama se centra finalmente en las intrigas en Darujhistan, la “joya” de Genabackis, alimentada por gas natural. Es la próxima ciudad a ser conquistada por Malaz, y vemos cómo los soldados abrasapuentes intentan sabotearla por métodos terroristas (claro, el libro es del 91, diez años antes del atentado que le dio a Delfín Quispe la fama).
 Sin entrar en detalles, hay que decir que en muchos lugares el libro falla. Es ambicioso, sí, medianamente original, también (a pesar de los drow), pero es incoherente. El calibre de los poderes manejados hace innecesarios un montón de manejos y esquemas del libro mismo, aunque al final hay una especie de redención.
Sí, los personajes mágicos son tan poderosos que dejan enanos a todos los demás. La liberación de un tirano jaghut, capaz de combatir contra cinco dragones a la vez y de atacar incluso a dioses (que, al fin y al cabo, no son taaaan poderosos como los mortales) aún sin el pleno uso de sus poderes es la prueba, así como los demonios embotellados del archimago Tayschrenn (¿cómo demonios embotelló seres capaces de destruir ciudades sin ser él mismo capaz de hacerlo?) son la prueba. Incluso la Guilda de Asesinos está gobernada por una archimaga, Vorcan, más poderosa que los principales miembros de la Cábala de T’orrud, el gobierno secreto de Darujhistan.
Pero al final, luego de tomar un cuerpo y enfrentarse a los mejores magos de la ciudad, el “lich” jaghut se muere de un granadazo en la cabeza, de pólvora, tirado por un “soldado mediocre”, que dice “esa es la forma de tratar con magos, ¿no?”, y Vorcan interrumpe su matanza de magos, drows y brujas cuando un ladrón medio pelo le tira un ladrillazo en la cabeza. Incluso vemos un deje de coherencia en la figura de la consejera Lorn, cuya espada de flebotinum… ejem “otataralita” absorbe la magia, mismo material que usa un asesino, Rallick Nom, para oponerse a un asesino-mago y matarlo.
Creo que esa limpieza de poderes pone un poco de relatividad a una historia que por momentos se aleja tanto de la humanidad que se vuelve abstracta. Más allá de la artillería mágica, de la desmesura, de la falta de sutileza y la confusa narrativa, existe aún el ladrillazo oportuno que impide el hechizo (literalmente, el libro dice “ladrillazo”, al menos en la traducción), y me hace apreciar un poco más la trama.
Si gustan de un mundo que chorrea magia hasta por los poros, a tal punto que se vuelve una especie de tecnología estilo Star Wars (Estrella de la Muerte = Engendro de Luna; rayos mágicos = lásers) y pierde cualquier tipo de “encanto”, léanlo. Pero estén advertidos: de ninguna manera le llega a los talones a Martin.


[1] Citado en la contratapa del libro “Los Jardines de la Luna” publicado por La Factoría de Ideas.

7 comentarios:

Cherry dijo...

Ja!! Lapidario!! Pero, realmente, si es sí, la crítica es más que justa!!

Cherry dijo...

*así

Daniel Garrido dijo...

La verdad es que a Erikson le va la desmesura, pero tambien es cierto que Los jardines es el libro peor escrito de la saga. En los siguientes mejora bastante, con frases y escenas mucho mejor construidas, y menos "fuegos de artificio" mágicos. Merece la pena seguir leyéndolo.

Juan Carlos Batman dijo...

Seguiré leyendo, pues. Terminé el siguiente, pero aún no termina de convencerme. Aunque tiene algunos personajes piolas, sobre todo en la Cadena de Perros.

Ricardo Santamaria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardo Santamaria dijo...

que no supera a martin, pero te has puesto a pensar que erikson es quien dice que sus libros se leen con inteligencia, has pensado en que martir no puede terminar la 6 novela y aun le queda unas mas por hacer, que se puede decir también la avanzada edad de martin,y el echo de que sus novelas han bajado el ritmo de intensidad con el que el autor trabajaba, y lo unico que ha hecho es simplemente improvisar, algo que erikson no cae con tanta recurrencia, ya que su estilo es muy directo y ademas el ya tenia pensada su obra y son libros que se van auto superando con el pasar de volúmenes, lo cierto es que los personajes de martin se desarrollan de una forma muy realista, algo que erikson no logra hacer del todo, sin embargo en ocasiones me parece que martin le gusta escribir mucho porno. sin enbargo en cuanto a narrativa historia y mundo erikson se lleva por mucho a martin.

Anónimo dijo...

A mi me guto la saga jijijiji xdd cierto es que es pesada pero a Martin lo tienen en un altar donde no debería estar, vamos, casi o más de 10 años para escribir sólo dos libros, que oh sorpresa! Resultan ser los más pesados y peores de la saga, y no sólo para mí sino para muchos. Ya van casi 2 años desde que se salió Danza de Dragones y el gordo ese no avanza una mierda con Vientos de Invierno. Que sea la obra más famosa no significa que esté por encima de otras no tan populares, Cierto es que los Jardines de la Luna tene muchas icoherencias y es pesado y confuso, pero Martin tampoco es que sea una perla a tal punto de ponerlo casi a la altura de Tolkien. Todos los libros de Canción de Hielo y Fuego son pesados, es cierto que los personajes son muy elaborados, pero hay algunos que no dan para tanto, como por ejemplo Jon Nieve o Daenerys, hay personajes con mucha màs personalidad y caracter que ese par de crios. Además Martin alarga mucho la trama y pone detalles que pueden hacerse tan pesados e insulsos como la comida que comen los personajes en cada lugar al que se dirigen. Y eso de nombrar las gachas a cada rato como que no xd. A mí me gusta mucho Canción de Hielo y Fuego pero tampoco es para alabarla, creo yo xd. Y puede que me equivoque pero CDHYF se hizo famosa a nivel mundial gracias a la serie. Bueno como sea esta crítica esa buena y supongo que mi opinión quedo redactada como el culo gracias a que estoy ebrio y me cago en la lentitud de Martin. xdddd :SssSsssSssssSs